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Publicado por sara en Noticias

Mimar, Mimar y Mimar

En primer lugar, vamos a definir sobre protección. Muchos de los profesionales lo definen como un exceso de celo en el cuidado de los hijos, tanto que, a veces, lleva a los padres a ofrecerles algo que los pequeños ni siquiera han solicitado.

Es interesante abarcar este tema pues hace no mucho, en un periódico de tirada nacional con gran cantidad de lectores, definía a las nuevas descendencias como las generaciones de cristal; es decir, aquellas que no están conformes con nada pero que nada les parece poco y que quieren enfrentarse a la vida pero cuando hay alguna dificultad vuelven con la cabeza gacha hacia papá y mamá. Por no hablar de la inconformidad que sostienen sus caprichos.

¿Y eso por qué ocurre? Pues bien, en gran parte por esta sobreprotección.  Y qué mejor forma de entenderlo que con un ejemplo:

María tiene que hacer deberes. Resulta que como no le salen llora. El padre o la madre en lugar de explicárselo haciendo que su hija razone y lo entienda por sus propios medios cogen un bolígrafo y le hacen el ejercicio. Le escriben hasta el resultado.

¡Ya está! María no solo no se ha esforzado ante el problema, sino que lo ha resuelto satisfactoriamente sin ningún esfuerzo, solo con el de llorar. Esto se le quedará grabado y usará las lágrimas o las quejas como herramienta siempre que se le presente alguna complicación.

Y este tipo de actuaciones resultan ser un frenazo en el desarrollo psicológico del niño, en su sociabilización y en su inteligencia. La sobreprotección tiene que desaparecer, haciendo que el pequeño se enfrente a sus problemas con los medios que disponga, dejándoles decidir por ellos mismos y dejando que el actúe como sienta, así también podremos ver sus reacciones y guiarles en las correctas y en las que no lo son.

¡Pero son niños! ¿Cómo nos les vamos a mimar? No. No hablamos de que el niño no tenga ningún vínculo afectivo, todo lo contrario. Mimar es dar besos, abrazos, decirles lo bueno, lo que les quieres, hablar con ellos, comprenderles, buscar soluciones conjuntamente, ser su guía, dialogar con ellos, conocerles y volverles a abrazar. Saber actuar por nosotros mismos no está reñido con la afectividad y los valores.

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